miércoles, 24 de enero de 2007

La pausa

Nos extrajeron de varios rincones escondidos y mojados. Dándole vueltas a una sola pregunta en la cabeza, tratando de digerirla, de pensarla, de responderla en alguna forma más o menos sólida. Nos arrojaron con todo el deseo de no volvernos a ver, de desaparecer nuestros retratos, nuestras memorias, nuestros comunes denominadores y todo lo que alguna vez, y por accidente, les pudiera recordar lo que una vez fuimos.

Aquí vas de nuevo, pasando Point Chev. La lluvia te sorprendió al cruzar la calle, al casi estamparte contra un Honda 94, al correr con dirección aparentemente definida aunque para tus adentros sabias que no estabas siguiendo ningún rumbo ni propósito. La lluvia te hace siempre resbalar y en el mejor de los casos te causa una caída comiquísima En esta ocasión no resbalaste. Corriste lo más rápido que tus piernas pudieron y sin razón alguna decidiste tomar el colectivo a Ponsonby.

Dentro del autobús la gente se detuvo por tres segundos y medio. Se congeló el mundo por completo durante tres segundos y medio. En ese lapso tu no te congelaste- estabas vivo como siempre. Y por tres segundos y medio tuviste la ventaja de hacer lo que se te viniera en gana. Y se te vino en gana sentarte y respirar. Tres segundos y medio en que el mundo por completo se detuvo solo para ti. Para que tuvieras ese respiro que precede a la decisión. Para que vieras todo desde una perspectiva digamos más interior.

No determinaste nada, como siempre, no te decidiste por tomar un papel activo en la acción. Permaneciste sentado, contemplando las caras, las posiciones y complexiones de la gente que te rodeaba, y al final no atinaste en formular alguna conclusión pertinente, talvez algo sustancial o de más provecho que tu sola observación. De cualquier forma nadie te culpa de tu estado sedante habitual, que no tiene apariencia de querer borrarse algún día. Algún día siempre ha sido una muletilla para tu imaginario de expresiones sin significado, y todo esto por obra y gracia del personaje que siempre ves cuando te paras enfrente del espejo.

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